Asomó levemente la cabeza por la ventana y miró abajo. El ruidoso tráfico a esa hora de la noche le hizo pensar que con toda posibilidad era Viernes o Sábado, no tenía otro indicio.
Oía los pasos del vecino de arriba, los gemidos en el apartamento contiguo, el llanto incansable de un niño al fondo del pasillo envuelto en el fuerte olor a guiso de la puerta mas cercana.
Se resentía del costado izquierdo, llevándose la mano al hígado se encogió sobre si mismo adoptando la figura de un feto sobre la mugrienta moqueta. Con dificultad, desplegó su brazo queriendo alcanzar la foto que siempre le hacía de separador. El bloque de libros y periódicos se derrumbó dejando una estela de páginas arrugadas, alcanzó la imagen. Desde ella, la cara de un pasado perdido le sonreía tímidamente en blanco y negro. El rostro de una hermosa joven se mece en un columpio, con la cabeza inclinada sobre el hombro derecho, en un bucólico entorno, vistiendo un oscuro abrigo de paño. Por fin sentía sus ausencias, el imperdonable hueco que la distancia del tiempo dejo atrás volvió agonizante , quiso estar siempre allí, siendo uno dentro, abrazando la eternidad para no salir nunca, apartarse de la fatalidad intercambiando la piel, abandonando la luz que los separaba para ser uno, solo uno.
Desde la enfermedad, al expirar los últimos segundos, logró la mayor de las certezas. El dolor desaparecía poco a poco bajo los efectos de aquel momento rebobinado. Tras la arqueada, un amarillento lago de bilis empapó la antigua foto, el ácido de sus entrañas difuminó la imagen y con ella la última de sus ideas.
Oía los pasos del vecino de arriba, los gemidos en el apartamento contiguo, el llanto incansable de un niño al fondo del pasillo envuelto en el fuerte olor a guiso de la puerta mas cercana.
Se resentía del costado izquierdo, llevándose la mano al hígado se encogió sobre si mismo adoptando la figura de un feto sobre la mugrienta moqueta. Con dificultad, desplegó su brazo queriendo alcanzar la foto que siempre le hacía de separador. El bloque de libros y periódicos se derrumbó dejando una estela de páginas arrugadas, alcanzó la imagen. Desde ella, la cara de un pasado perdido le sonreía tímidamente en blanco y negro. El rostro de una hermosa joven se mece en un columpio, con la cabeza inclinada sobre el hombro derecho, en un bucólico entorno, vistiendo un oscuro abrigo de paño. Por fin sentía sus ausencias, el imperdonable hueco que la distancia del tiempo dejo atrás volvió agonizante , quiso estar siempre allí, siendo uno dentro, abrazando la eternidad para no salir nunca, apartarse de la fatalidad intercambiando la piel, abandonando la luz que los separaba para ser uno, solo uno.
Desde la enfermedad, al expirar los últimos segundos, logró la mayor de las certezas. El dolor desaparecía poco a poco bajo los efectos de aquel momento rebobinado. Tras la arqueada, un amarillento lago de bilis empapó la antigua foto, el ácido de sus entrañas difuminó la imagen y con ella la última de sus ideas.

