Está harto de Manuel, cada vez soporta menos sus manías y meticulosidades, es un verdadero hijo de puta, hace todo lo posible por irritar a Ariel, siempre sutilmente, como no queriendo la cosa.
Manuel que efectivamente es un cabronazo de mucho cuidado, es jefe de Ariel, y juntos comparten la eternidad en el departamento de personal, ahora llamado de recursos humanos. Manuel es ceremonioso hasta la saciedad, formal y metódico como pocos, escrupulosamente minucioso con los detalles y trata a todos con la punta del pie, focalizando su mala leche en Ariel, su pequeño secretario.
En esta relación amo esclavo, Ariel se muestra muy paciente, obedece todos los mandatos y preceptos, nunca rechista, se lo traga todo, pero ya no aguanta mas, va a estallar y medita la posibilidad de matar a Manuel, le encantaría quitarlo del medio. Se irrita en exceso cuando le hace revisar las nóminas una y otra vez, cuando le obliga destruir documentos tan solo por haber sellado junto a la firma y no abajo, cuando le veja en público por haber puesto mas leche de la cuenta en el café. Claro, el café, cómo no reparó antes en ello, puede que el cortado de media mañana sea la solución definitiva, cree que va a envenenarlo, poner cianuro, o tal vez ácido sulfúrico, o lejía. No, quizás mejor será algo que no deje señales. Una paliza a la salida es muy apetecible, pero Ariel es demasiado débil, le encantaría hundir sus nudillos en la cara de caricato de Manuel y luego rematarlo en el suelo, patearle el hígado, pero seguro que el seguridad de la entrada le reconocería aunque fuera con la cara cubierta, Ariel es muy pequeño y desproporcionado, tiene cabeza de hidrocéfalo, eso le delataría.
Ariel no aguanta mas, se está consumiendo, debe de hacer algo pronto para hacer que Manuel desaparezca, le pone enfermo verlo fumar y mascar chicle a la vez mientras habla por teléfono, es sumamente grotesco, con esa oronda y dura panza que asoma por el cinturón. Puede que Ariel tenga la solución perfecta al problema. Ya se emplea a fondo en la hora de la comida, está limando los bordes un vaso de cristal mientras come un bocata de salmón ahumado y queso fresco. Ha conseguido con esfuerzo una respetable cantidad de polvo cristalino, y va a suministrarlo en pequeñas dosis en el café cortado de Manuel, el seboso y prepotente Manuel.
Ya solo hay que esperar, en una semana Ariel obtendrá el efecto deseado del cristal sobre el tirano. Parece que puede ser hoy mismo porque Ariel asoma su cabeza y sonríe, la embolia está aquí , Manuel cae babeante sobre su escritorio, se divierte con las convulsiones y los espasmos del sátrapa, todos acuden a socorrerle pero Ariel toma el sellador y sella el contrato de un nuevo transportista donde le da la gana, ha vencido, se siente como David frente a Goliat porque todo es según el polvo del cristal con que se mira.
Manuel que efectivamente es un cabronazo de mucho cuidado, es jefe de Ariel, y juntos comparten la eternidad en el departamento de personal, ahora llamado de recursos humanos. Manuel es ceremonioso hasta la saciedad, formal y metódico como pocos, escrupulosamente minucioso con los detalles y trata a todos con la punta del pie, focalizando su mala leche en Ariel, su pequeño secretario.
En esta relación amo esclavo, Ariel se muestra muy paciente, obedece todos los mandatos y preceptos, nunca rechista, se lo traga todo, pero ya no aguanta mas, va a estallar y medita la posibilidad de matar a Manuel, le encantaría quitarlo del medio. Se irrita en exceso cuando le hace revisar las nóminas una y otra vez, cuando le obliga destruir documentos tan solo por haber sellado junto a la firma y no abajo, cuando le veja en público por haber puesto mas leche de la cuenta en el café. Claro, el café, cómo no reparó antes en ello, puede que el cortado de media mañana sea la solución definitiva, cree que va a envenenarlo, poner cianuro, o tal vez ácido sulfúrico, o lejía. No, quizás mejor será algo que no deje señales. Una paliza a la salida es muy apetecible, pero Ariel es demasiado débil, le encantaría hundir sus nudillos en la cara de caricato de Manuel y luego rematarlo en el suelo, patearle el hígado, pero seguro que el seguridad de la entrada le reconocería aunque fuera con la cara cubierta, Ariel es muy pequeño y desproporcionado, tiene cabeza de hidrocéfalo, eso le delataría.
Ariel no aguanta mas, se está consumiendo, debe de hacer algo pronto para hacer que Manuel desaparezca, le pone enfermo verlo fumar y mascar chicle a la vez mientras habla por teléfono, es sumamente grotesco, con esa oronda y dura panza que asoma por el cinturón. Puede que Ariel tenga la solución perfecta al problema. Ya se emplea a fondo en la hora de la comida, está limando los bordes un vaso de cristal mientras come un bocata de salmón ahumado y queso fresco. Ha conseguido con esfuerzo una respetable cantidad de polvo cristalino, y va a suministrarlo en pequeñas dosis en el café cortado de Manuel, el seboso y prepotente Manuel.
Ya solo hay que esperar, en una semana Ariel obtendrá el efecto deseado del cristal sobre el tirano. Parece que puede ser hoy mismo porque Ariel asoma su cabeza y sonríe, la embolia está aquí , Manuel cae babeante sobre su escritorio, se divierte con las convulsiones y los espasmos del sátrapa, todos acuden a socorrerle pero Ariel toma el sellador y sella el contrato de un nuevo transportista donde le da la gana, ha vencido, se siente como David frente a Goliat porque todo es según el polvo del cristal con que se mira.

